
Cuba es un mosaico étnico -criollos, mestizos o mulatos, negros, chinos cubanos...- en el que la cerveza pasa de costar 80 pesos a un dólar a partir de las seis de la tarde.
La Habana, con casi quinientos años de historia, es la puerta habitual del turista que viene a descubrir todo lo que estas tierras sembradas de palmeras ofrecen. Lo primero que recibe el extranjero es su calor húmedo, provocando la sed al incansable viajero. Sin embargo, el parlanchín habanero para todo tiene remedio. El ron es su bebida por excelencia aunque, dependiendo del momento y de la edad del consumidor, la cerveza se impone. Entre sus decanas se encuentra La Tropical, elaborada desde 1888.
Encontrar y comprar
el espumoso elemento para el cubano no es difícil, pese a la
escasez de productos de primera necesidad que padecen, sobre todo si
cuentan con los dólares suficientes para abonarlo. Se puede adquirir
en los bares de los distritos donde se consume con pesos cubanos, a
unos 80 centavos. El precio se rebaja si opta por la que se sirve a
granel, más barata y de baja calidad, pero se incrementa al caer
la noche y al cambiar de espacio. A partir de las 18 horas, cuando gran
parte de los bares empiezan a cobrar en dólares, y especialmente
en las áreas de la ciudad frecuentadas por los turistas, denominados
por el habanero "los hijos de Fidel" por el mimo que obtienen,
el valor sube y la lata, que es el envase que se impone, pasa a costar
un dólar (la otra moneda nacional). Entonces es cuando el cubano
no puede probarla, esto se comprende si se atiende al sueldo mensual,
que dependerá de la profesión que ejerza, aunque nunca
demasiado alto. Como referencias diremos que un enfermero cobra aproximadamente
13 dólares y un médico, 20.
La necesidad será la que agudice el ingenio de sus ciudadanos y en cualquier esquina es fácil toparse con dicharacheros personajes con ganas de conversación y de saciar su sed. Se aproximarán y pese al color de su piel todos tienen un familiar en España o un amigo, que seguramente habita cerca de la provincia del turista hispano. Todo para resaltar la cercanía entre nuestros pueblos. No es difícil escuchar elogios e incluso la denominación de Madre Patria cuando se refieren a España.
unto a los bares
de los distintos distritos, se localizan otros centros expendedores
de bebidas, donde el turista puede calmar la sed y tomar una aperitivo
o comer los productos que sin ningún tipo de restricción,
pese al bloqueo, le son servidos. Se puede optar por los restaurantes,
nada baratos en esta ciudad. Entre los recomendados está la famosa
Bodeguita del Medio, uno de sus santuarios, donde además de sus
célebres mojitos (ron, soda, limón, azúcar e hierbabuena),
se pueden degustar las especialidades de la comida cubana: el picadillo
con aceitunas, el arroz congrí y los chicharrones. El Floridita
se convirtió en los años treinta en el más famoso
de La Habana, gracias a sus afamados clientes, como Ernest Hemingway,
John Ringling o distintos expresidentes cubanos. En él, además
de excelente comida bien presentada, se puede catar el daiquiri (jugo
de limón, gotas de marrasquino, ron y una buena cantidad de hielo
picado). La comida criolla es una de las especialidades de la isla;
consiste en arroz, frijoles, pollo, cerdo o carne picada bien condimentada.
En todos los lugares no se puede degustar. Entre los recomendados se
encuentran el Rancho Palco, Los Doce Apóstoles, La Cecilia y
el Aljibe.
No obstante, existe
la opción de los restaurantes privados, conocidos como "paladares",
autorizados en 1994. Los precios son más asequibles y la oferta
alimenticia puede en ocasiones resultar más sugerente, con platos
que no se encuentran en los estatales. En la actualidad existen unos
200, y tienen como máximo 12 sillas por establecimiento, debido
a las imposiciones del Gobierno. Los hay que, junto a una buena comida,
nos deparan la posibilidad de conversar con su propietario, disfrutar
de vajillas antiguas, muebles de caoba y cubiertos de plata. También
hay otros improvisados, con deficientes condiciones higiénicas.