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Tierra de gran belleza con profundas raíces históricas y con una capital declarada Patrimonio de la Humanidad, Cáceres ofrece una gastronomía que encierra historia, buen hacer y, sobre todo, productos y materias primas arraigados en la vida de los cacereños desde hace siglos.

Si de algo pueden presumir los cacereños, entre otras muchas cosas, es de que el emperador Carlos V de España eligiera Yuste para terminar sus días. El emperador fue, además, todo un ejemplo de un real glotón y sibarita, hasta el punto de que hizo que le acompañaran a España maestros cerveceros de Flandes para poder degustar la milenaria bebida elaborada con las mejores técnicas y no arriesgarse a perder una de sus pasiones más conocidas: beber grandes jarras de cerveza. Asimismo se hacía llevar los mejores productos de diferentes lugares de España y, cómo no, los de las tierras extremeñas.

 


 

Extremadura recoge en su gastronomía toda su historia. De sus primitivos habitantes deviene el consumo de carne de vacuno, ovino y cerdo. La influencia romana hizo que, por ejemplo, la caza menor fuera de consumo frecuente y se aprendieran técnicas de conservación tan originales como sumergir las piezas en miel, técnica que también se utilizaba con la carne de vacuno. Esta actividad ganadera, mantenida a través de los siglos por la trashumancia, ha devenido también en una variedad de quesos que se hace palpable, entre otras, en la Feria del Queso que a todos los años se celebra en Trujillo. Son históricas las referencias a la miel, al aceite o los peces de río, como las tencas o el famoso lagarto, que es ya una pieza de museo.

Los árabes dejaron su huella, no sólo en dulces, como en toda España, sino al parecer también en platos como la sopa de ajo, el gazpacho o la caldereta extremeña. Los judíos contribuyeron con la adafina o cocido, y las posteriores órdenes militares dieron lugar a la cocina monacal, que, al contrario de lo que se pudiera pensar, no fue precisamente modesta. Una muestra de la exquisitez de esta cocina es el famoso y casi legendario recetario de Alcántara, que desapareció en manos de los franceses pero se rescataron recetas como las famosas perdices al modo de Alcántara. El cerdo ha dado lugar a famosos embutidos y estupendos perniles curados, con todo el sabor que la dehesa extremeña aporta a su carne. Del campo precisamente se recogen criadillas de tierra, espárragos, cardillos y exquisitas setas comestibles.

Verduras, carnes, pescados de río, frutas como las sublimes cerezas del jerte, con las que se elaboran famosos licores y cuyos árboles cargados de flores blancas forman un paisaje de ensueño, dulces tradicionales y familiares y otras muchas delicias culinarias completan este rápido paseo por la mesa y el paisaje cacereño. Cabe destacar, además, que precisamente en Cáceres está situado el restaurante Atrio, uno de los mejores de España con prestigio internacional.

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